Stefan Zweig.
Nació en Viena en 1881. Sus obras fueron las primeras en protestar contra la intervención de Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Fue un escritor bastante productivo, tocando varios géneros, como la novela, el relato, la poesía o la biografía. Se suicidó junto a su esposa ante el miedo del avance del nazismo.
El libro que más me llamó la atención de él fue Mendel el de los libros (Acantilado, 2010), pero, en cambio, no fue el primero que leí. Un día fui a la biblioteca y un libro publicado por El País, que contenía dos pequeños relatos de él: Leporella y Carta de una desconocida (Acantilado, 2002), así que decidí empezar por este. Leí el primero de ellos en abril de 2010 y me pareció un auténtico bombazo, con ese final tan inesperado. Carta de una desconocida me pareció extraordinario, no podía entender cómo puede plasmar la escritura de una mujer sin caer en tópicos facilones ni en tópicos, me fascinó.
Hasta agosto del mismo año no volví a leer nada de él, en esta ocasión, Ardiente secreto (Acantilado, 2004). Que, bueno, aunque yo me esperaba otro final, no me decepcionó en absoluto. Me recordó un poquito -en el sentido de cómo se plasman los sentimientos y salvando las distancias- a La muerte en Venecia, de Thomas Mann o a El baile, de Irène Némirovsky. Y por fin llegó, también en agosto, aquel que primero me había llamado la atención: Mendel el de los libros, que narra la historia de un librero de viejo. Me pareció muy bonito y cuidado; además, me encantan los libros que hablan de libros o de escritores, lectores, etc.
Los dos últimos que he leído han sido ¿Fue él? (Acantilado, 2010) (reseña aquí) y Viaje al pasado (Acantilado, 2009). De ¿Fué el? podéis leer mi opinión pinchando en el enlace. El segundo tiene uno de los mejores finales -en cuanto a belleza- que he leído nunca, es muy poético. Respecto a la historia, pensé que se centraría más en el amor, pero no. Me gustó también mucho, aunque no tanto como los otros.
El libro que más me llamó la atención de él fue Mendel el de los libros (Acantilado, 2010), pero, en cambio, no fue el primero que leí. Un día fui a la biblioteca y un libro publicado por El País, que contenía dos pequeños relatos de él: Leporella y Carta de una desconocida (Acantilado, 2002), así que decidí empezar por este. Leí el primero de ellos en abril de 2010 y me pareció un auténtico bombazo, con ese final tan inesperado. Carta de una desconocida me pareció extraordinario, no podía entender cómo puede plasmar la escritura de una mujer sin caer en tópicos facilones ni en tópicos, me fascinó.
Hasta agosto del mismo año no volví a leer nada de él, en esta ocasión, Ardiente secreto (Acantilado, 2004). Que, bueno, aunque yo me esperaba otro final, no me decepcionó en absoluto. Me recordó un poquito -en el sentido de cómo se plasman los sentimientos y salvando las distancias- a La muerte en Venecia, de Thomas Mann o a El baile, de Irène Némirovsky. Y por fin llegó, también en agosto, aquel que primero me había llamado la atención: Mendel el de los libros, que narra la historia de un librero de viejo. Me pareció muy bonito y cuidado; además, me encantan los libros que hablan de libros o de escritores, lectores, etc.
Los dos últimos que he leído han sido ¿Fue él? (Acantilado, 2010) (reseña aquí) y Viaje al pasado (Acantilado, 2009). De ¿Fué el? podéis leer mi opinión pinchando en el enlace. El segundo tiene uno de los mejores finales -en cuanto a belleza- que he leído nunca, es muy poético. Respecto a la historia, pensé que se centraría más en el amor, pero no. Me gustó también mucho, aunque no tanto como los otros.
Ahora tengo muchísimas ganas de comprarme su biografía, El mundo de ayer: memorias de un europeo (Acantilado, 2002) porque me parece que tuvo una vida muy interesante, no solo como escritor. Era una persona muy comprometida y creo que leer sus memorias es un acompañamiento esencial para entender su obra.
